Gumaro de Dios “El Caníbal del Caribe”
Introducción.
El canibalismo es el acto o la practica de alimentarse de la propia especie. Usualmente el termino canibalismo se emplea para referirse al acto en que un homo sapiens se come a un homo sapiens.
Es atribuido a muchas tribus y etnias. Actualmente, ha decrecido su práctica y en las civilizaciones actuales es rechazado socialmente y legalmente sancionado. Los casos particulares en nuestras sociedades, actualmente se relacionan con situaciones extremas de hambre, criminales o personas con profundos problemas psicológicos.
El 14 de diciembre del 2004, Gumaro de Dios Arias, de 26 años se convirtió en noticia nacional cuando fue encontrado al norte de Playa del Carmen, cerca de Mayakoba, en una palapa junto a los restos de un cadáver cercenado en estado de putrefacción, al que mutiló algunos órganos vitales para después cocinarlos y comérselos.
En su declaración ministerial, El Caníbal reconoció haber asesinado a su compañero de parranda, el “Guacho”, luego de una discusión que sostuvieron por 500 pesos que presuntamente utilizarían para comprar droga y bebidas alcohólicas.
Hoy a casi cuatro años de este suceso, Gumaro de Dios está purgando una condena, aunque esto quizá no dure mucho tiempo, ya que Gumaro de Dios tiene SIDA.
No se sabe si Gumaro contrajo el SIDA antes de su detención o en la cárcel municipal de Playa del Carmen.
Gumaro de Dios es temido en cualquier lugar; los presos le tenían miedo, aun los de alta peligrosidad, nadie le hablaba cuando estaba en la cárcel.
“El Caníbal” es detenido por el asesinato del “Guacho” pero una vez preso confiesa otro asesinato y la violación de un niño y una monja. La Policía no sabía nada de esto. Lo que si se sabía era que había estado en la cárcel por robo.
Gumaro de Dios.
Gumaro nació el 7 de abril de 1978, el día de San Juan Bautista. Hubiese preferido llamarse Bagdel -un nombre que hace poco arrancó de entre sus alucinaciones-, pero el abuelo materno impuso su dinastía en el primer nieto.
A los seis o siete años de edad -a Gumaro se le dificulta recordarlo-, un fortachón primo suyo lo violó. Desde entonces, supone, le atrajo la bisexualidad. Jugaba a las muñecas, pero también se creía pistolero. “Soy un chico malo, soy una mala mujer”, se definió Gumaro cuando me saludó.
El joven, perezoso para la siembra y más bien poco inteligente, fue enviado al ejército a los 14 años en un intento paterno por endurecer a un muchacho que, o se la pasaba drogado o besaba tanto a mujeres como varones de la ranchería Azucena, en Cárdenas, Tabasco. A sus padres, Candelario de Dios y Ana Arias, les sacaba de quicio que el hijo mayor de los 11 que parieron fuera “el mismísimo diablo”.
Un día se peleó con un subteniente y lo enviaron a un apando, arrestado. “Cuando salí, quise vengarme y entonces me lo topé”, cuenta Gumaro. El resto demuestra su alma dura y lo que aprendió cuando mataba cerdos con su padre: lo apuñaló quirúrgicamente en el tórax y en las piernas. “Quién sabe si se murió, yo salí huyendo del ejército”.
Para cuando regresó a la ranchería Azucena, Gumaro ya era un consumidor constante de mariguana, su nariz era un tubo aspirador de los cristales de la cocaína, sus venas ya sabían lo que eran los estallidos de la heroína y su boca ya tenía la costumbre de inhalar solventes.
Uno de esos días abusó sexualmente de su sobrino, quien apenas aprendía a caminar. Aunque el niño enfermó, la familia no supo nada del ultraje hasta una noche en que Gumaro llegó a la casa de madera, embriagado, con la playera hecha jirones.
- ¿Qué te pasó? -le preguntaron.
-Me acabo de coger a una monja, y pues se puso agresiva.
“Luego les conté lo del sobrino”, murmuró Gumaro
En 2000 fue llevado al penal de Cárdenas. Gumaro creyó que había sido arrestado por violación, pero luego supo que el año, seis meses y nueve días a los que fue sentenciado eran sólo por el robo de una grabadora y cinco camisas de lino.
Una vez que abandonó la cárcel, y para evitarse problemas con su familia -la que nunca lo denunció, pero tampoco lo visitó en la prisión- Gumaro pensó que ya no era suficiente jugar al diablo en Cárdenas. Así que se marchó y llegó a Chetumal.
A principios del 2004 en Mahajual, una zona maya cara al mar que está a unos 150 kilómetros de Chetumal, Gumaro asesinó a una persona.
-El tipo me jugó bronca. Traía un machete y me retaba. Lo dejé que se cansara de gritar. Luego, cuando se apendejó, le quité el machete y madres, que lo empiezo a cortar como pescadito. Vi cómo se desangró. Ahí lo dejé y me largué. Ese día en la noche se me apareció su espíritu. Yo le dije a mi Dios Jehová que me ayudara a ya no oír. Pero todavía lo escucho.
Después de esto Gumaro se trasladó a El Petén, un pueblo entre México y Belice, donde vivió algún tiempo en una obra en construcción.
En ese lugar conoció a un viejo brujo maya, al que Gumaro le dice El Sabio, y a quien le hizo la promesa de asesinar a tres personas.
También en El Petén se encontró al joven que terminaría comiéndose. A ese sujeto Gumaro lo llama simplemente Guacho, porque era militar; un hombre, igual que él, a la deriva; un hombre al que algunos medios locales le asignaron una supuesta identidad: Raúl González El Compinche, de 19 años. Pero hasta la fecha las autoridades ignoran quién diablos era aquel destrozo humano, el cual había emigrado con Gumaro a una palapa cien metros adentro del kilómetro 216 de la carretera Chetumal-Playa del Carmen. Ahí se lo tragó.
Y de aquel tipo que le jugó bronca y macheteó, la policía apenas se está enterando.
El Guacho, según Gumaro, había pertenecido al 31 Batallón de Infantería. Supuestamente abandonó al ejército por robarse un arma. En el brazo izquierdo se tatuó el nombre de una mujer, pero Gumaro le arrancó ese pedazo y ya ni siquiera recuerda lo que decía el grabado de tinta china.
Hacía meses que sostenían relaciones sexuales. Vivían en esa palapa abandonada, levantada al lado de un basurero. Sorteaban el día robando casas en Playa del Carmen o enamorando al turismo gay.
El día del asesinato, tenían otro encuentro carnal aderezado con solventes, cuando Gumaro se acordó que El Guacho le debía 500 pesos. E, intempestivamente, tomó un cable y le descargó una sucesión de golpes.
Cuando lo colgó, El Guacho tuvo la certeza de que iba a morir.
El amasijo de carne que sobresalía del cuello y que no parecía una cabeza cuando Gumaro lo aplastó con un bloc de concreto. El estómago raspado por la espátula y Gumaro pensando: “¿Será un rico asado?”
El caníbal friendo unas tortillas con la grasa de las vísceras. Gumaro cortando una pierna al cadáver y poniéndola a coser con chile habanero, limón y cebolla. Gumaro mordisqueando tiras de carne cruda. Los huesos aserrados.
“Fue que se me ocurrió sacarle todo lo de adentro: el corazón, el bofe, las costillas. Estaba bien rico, sabía a borrego, por eso me comí el riñón. Sólo dejé los pellejos porque estaban correosos”, declaró Gumaro, riéndose de su proeza.
Las moscas tenían un festín sobre una costilla y por eso Gumaro no se la comió, le dio asco.
Entonces llegó la policía. Un joven apodado La Parca había pasado por aquella palapa. En lugar de aceptarle a Gumaro un pedazo de carne, corrió y corrió hasta toparse con una patrulla.
-Deseo manifestar que la verdad no me da miedo que me hayan arrestado por este muertito. Se lo pedía a mi Dios padre Jehová, ya debo muchas -finalizó Gumaro su declaración ministerial.
-Cuando tomo o me drogo se me mete la maldad -dice Gumaro, quien se ha sentado unos segundos, después de tirar algunos golpes al aire, creyéndose boxeador-. Por ejemplo, cuando ando briago me da por querer aventarme sobre un tráiler.
– ¿Y cuando estás drogado?
-Me empiezo a hinchar, es cuando se me mete un güero fornido, ese cabrón es el que me calienta contra los demás.
- ¿Y ese güero tiene nombre?
-No mames, estoy medio loco, pero tampoco platico con él. Nomás se me mete y ya. Entonces le rezo a mi Dios y me vuelvo un ángel poderoso.
-Ah, ¿sí?
-Sí, Dios quiere que no me muera. Yo digo que voy a vivir como 150 años más.
- ¿Y por qué lo crees?
- Pues es lo que no entiendo, son sólo mensajes que recibo.
En esas estamos cuando entra un custodio. Es tiempo de que Gumaro tome su antidepresivo. Si ocurre lo de todos los días, dentro de un par de horas estará perdidamente dormido, los cinco reclusos con los que comparte la celda 7 podrán entonces conversar entre ellos sin ser interrumpidos, y las custodias dejarán de escuchar los insultos que Gumaro les lanza.
- ¿Oye, o será que ya me voy a morir? -pregunta Gumaro.
- ¿Por qué?
-Es que siento como que me pasan un machete por los brazos. ¿Crees que me voy a morir?
-Seguro ocurrirá un día -quisiera decirle más pero entonces empieza a rezar quién sabe qué y a golpearse en el pecho. Después de unos segundos me dice:
- ¿Sabes que ya vino una hermana a visitarme?
- Sí. ¿Qué te dijo?
- Pues que qué me había pasado, por qué me había comido a ese güey.
- ¿Y qué le contestaste?
- Pues que nada, que así son las cosas de la vida.
- A propósito: le prometiste al chamán tres vidas, llevas dos. ¿Sigues buscando a la tercera?
-Ya la encontré -dice, levantándose otra vez para caminar en los seis metros cuadrados de los locutorios-. Es un cabrón que se siente bien chingón aquí. Nomás lo veo y me hierve la sangre, compa. Ya con ese me voy a tranquilizar y esperar que El Sabio me dé lo que me prometió, aunque la verdad -dice acercándose a mi rostro-, no sé cómo voy a encontrar al Sabio, ni su nombre me dijo.
-Bueno, ya me voy, es que ando medio inquieto, no me hallo en esta jaula -dice Gumaro, aspirando otro cigarrillo y girando el cuello para que le truenen las vértebras cervicales-. Pero no me preguntaste lo más importante: ¿qué siento al matar? ¡Ah!, pues nada, no se siente nada, es como matar a un pollo.
Esta entrevista fue realizada por Alejandro Almazán y es hasta ahora lo que mas se ha conocido de el “Caníbal de Playa del Carmen”
El preso dijo que el asesinato lo perpetró bajo el efecto de enervantes, aunque reconoció que siempre tuvo curiosidad por probar la carne humana. De acuerdo con su propia descripción, después de asesinar a su compañero, colgó el cadáver boca abajo hasta desangrarlo para luego extraer las vísceras y órganos internos.
En su declaración ante el Ministerio Público, dijo que en una parrilla asó el corazón, algunas costillas y un riñón. También se hizo un caldo con las vísceras y cortó en filetes el muslo izquierdo que cocinó con una salsa de chiles verdes, cebolla y tomate que “sabían a barbacoa”.
Todo este trabajo le ocupó un fin de semana y satisfecho después de engullirlo se quedó dormido hasta que fue encontrado, al lado de los restos del cadáver, por vecinos de la zona, quienes dieron aviso a elementos de las policías Municipal y Judicial para que lo detuvieran y pusieran a disposición de la procuraduría estatal.
Al ser presentado ante la Justicia, Gumaro Arias aceptó los cargos de homicidio premeditado y no mostró arrepentimiento alguno por su conducta. «No me arrepiento de nada. Ya lo hice». Mientras, los reos del penal de Playa del Carmen se niegaban a compartir celda con él.
Ya en su estancia en la cárcel municipal de Playa del Carmen, Gumaro de Dios comenzó a causar terror entre la población, pues a mediados de 2006 su incontrolable esquizofrenia lo llevó al extremo de cercenarse parte de su oreja izquierda para comérsela porque –declaró–, “extrañaba el sabor de la carne humana”. Y en diciembre pasado puso en alerta a las autoridades penitenciarias cuando amenazó con “comerse al cocinero” porque los alimentos que preparaba “no tenían sabor”.
A partir de entonces fue aislado y vigilado permanentemente, hasta que el juez penal Abraham Loeza Ortiz, a cargo del expediente 362/4, consideró que no era un delincuente, sino un enfermó que sufría de “esquizofrenia paranoide y trastorno mental”, por lo que debía ser trasladado a un centro especializado antes de someterlo a juicio.
El “Caníbal” fue trasladado al Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) del estado de Morelos el 20 de marzo del 2007, donde sería sometido a estudios psicológicos, durante un año, para determinar el trato que debe de recibir en los centros penitenciarios y al mismo tiempo se determine su situación legal.
Será trasladado al Centro de Readaptación Social de Chetumal, debido a que el Consejo Técnico Interdisciplinario así lo decidió, por lo que se está preparando un área especial para albergar a este delincuente, quien es temido por tener un insaciable gusto por la carne humana, aseguró la directora de Prevención y Readaptación Social de Quintana Roo, Verónica May Villanueva.
La entrevistada remarcó que el juez dictó una sentencia a Gumaro de Dios de entre 6 y 18 años de tratamiento psiquiátrico y psicológico en el Centro Federal de Rehabilitación Psicosocial (Ceferepsi), a donde fue trasladado el pasado 20 de marzo del 2007.
Sin embargo, sólo ha trascurrido un año y ya lo han enviado de vuelta a Quintana Roo. Aclaró que han adecuado una celda para mantener aislado a “El Caníbal” mientras que especialistas, sicólogos y personal autorizado lo examina para determinar si en realidad está rehabilitado o si debe volver a recibir un tratamiento de recuperación.
May Villanueva remarcó que este sujeto es de alta peligrosidad y requiere de tratamiento especializado, el cual no puede aplicarse en un tiempo menor a los seis años, tal y como lo mencionó el juez que le dictó sentencia, por lo que realizará un solicitud al Consejo Técnico Interdisciplinario para que reexamine el caso y verifique el verdadero estado mental de “El Caníbal”.
Diciembre 4, 2008 at 11:35 pm
SUENA LOKO Y PONE EN EVIDENCIA NUESTRO ARCAICO SISTEMA PENITENCIARIO JEJEJE WENO POR ESO SERIA GENIAL LA INYECCION LETAL PARA ASESINOS Y SECUESTRADORES Y TU KE PIENSAS?
Diciembre 5, 2008 at 12:36 am
Aun cuando suelo contestar a los comentarios con un mensaje directo al autor, me parece interesante tu pregunta y prefiero contestarla así.
Hace algunos pocos años yo aseguraba estar a favor de la pena de muerte (ahora no estoy segura), pero, me he dado cuenta que la ley es tan… tan… es más, evitare porner palabra alguna para describirla. Pero en fin, el chiste es que yo pienso que moriria mucha gente inocente. Asesino es aquel que prive de la vida a otro; Por lo tanto el que mato culposamente o dolosamente son lo mismo ante la ley y por ende ambos tendrian que ser condenados a pena de muerte… pero en muchos casos esto no es ni lo más coherente, ni lo más inteligente. (Aunque si lo más práctico)
Por otro lado, saber que el asesino de mi madre, padre, hermano, abuelo, etc. este suelto o en la carcel para mi no sería suficiente (sin importar si lo hizo con dolo o no). Pero también hay que ponerse de lado de la familia del que van a ejecutar.
Además México aun no cuenta con la técnologia suficiente como para comprobar cualquier asesinato… sin embargo cuenta con muchos “amigos” que pueden agarrar al primer tipo que les pase en frente y culparlo.
En fin… un tema muy complicado, que no se puede dar solo así. Es algo que se tiene que pensar mucho.
Julio 5, 2009 at 11:48 am
Buen día, yo pienso que la pena de muerte a pesar de ser un tema polémico es un retroceso en el sistema de justicia, no solo el mexicano, si no en cualquier sistema, debemos apostar no por un sistema que sea reactivo, si no por uno que sea preventivo, es decir lo que necesitamos son políticas criminilogicas en el sentido de la prevención criminal, es decir anticiparnos a las conductas antisociales mas que a castigarlas.
Septiembre 3, 2009 at 7:19 pm
Hola, para pena de muerte existe The Punisher… ya que nuestro sistema de justicia es tan primitivo, entonces es lógico que ciertos asesinos no tendrían condena, por que bien sabe todo el país que también existen asesinos de cuello blanco, y ¿quién condenaría a uno a pena de muerte?, si se hacen las cosas que se hagan bien, que no solo maten a nosotros los de abajo…