Octubre 19, 2008
Septiembre 24, 2008
Con este nombre se designan a los cambios que suceden en el cuerpo sin vida a partir del momento en que se extinguen los procesos bioquímicos vitales y va a sufrir pasivamente la acción de influencias ambientales.
Los fenómenos abióticos ocurren desde el momento de la muerte hasta las 48 horas.
Estos fenómenos son:
1.- El enfriamiento.
3.- Las livideces e hipostasis.
4.- La rigidez y el espasmo cadavérico.
Septiembre 23, 2008
Rigidez (rigor mortis) y espasmo cadavérico
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Inmediatamente después de la muerte se produce, en las circunstancias ordinarias, un estado de relajación y flacidez de todos los músculos del cuerpo. Pero al cabo de un cierto tiempo, variable aunque en general breve, se inicia un proceso lento de contractura muscular.
Los conocimientos sobre el mecanismo bioquímico de la rigidez cadavérica han variado notablemente a lo largo del tiempo. Primeramente se pensó que era una contracción vital, última manifestación de la vida residual muscular.
Desechada esta interpretación, se habló de una coagulación de la miosina, por un mecanismo similar al de la coagulación sanguínea. Finalmente, se demostró que ésta iba acompañada de unos cambios de reacción del tejido muscular, que se hace ácido, aumentando la acidez paralelamente con la intensificación de la rigidez haciéndose alcalino al desaparecer ésta.
Esta acidificación fue atribuida inicialmente a la formación post mortem de ácido láctico en el músculo. Pero los orígenes de esta acidificación es la destrucción del ácido adenosín-trifosfórico (ATP), que pasa a ácido adenosín-difosfórico (ADP), liberándose una molécula de ácido fosfórico.
Septiembre 23, 2008
Livideces (livor mortis) e hipostasis
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Una vez suspendida la dinámica cardiocirculatoria, el plasma y los glóbulos rojos de la sangre se acumulan y sedimentan en las zonas declives del cadáver, influenciados por la gravedad que se dirige a los niveles más bajos del sistema vascular, ocupando las partes declives del organismo, cuyos capilares distiende, formando zonas de coloración rojo violado.
Las livideces cadavéricas constituyen un fenómeno constante, que no falta ni aun en muerte por hemorragia, si ésta no ha sido tan abundante como para producir una verdadera exanguinación.
Generalmente, comienzan a formarse poco después de la muerte, aumentando paulatinamente de color y extensión.
El color puede variar entre límites muy ampliados, desde rojo claro al azul oscuro. Estas variantes de coloración dependen del color de la sangre en el momento de la muerte; por tanto, en la intoxicación oxicarbónica y en la cianurada tienen un color rosado, mientras que en la intoxicación por venenos metahemoglobinizantes presentan un color achocolatado. En las asfixias las livideces son de color rojo oscuro, excepto en las asfixias por sumersión, en que tienen una tonalidad rojo claro.
Septiembre 23, 2008
Condiciones ambientales externas caracterizadas por elevadas temperaturas y fuerte ventilación dan lugar a la evaporación de los líquidos cadavéricos; condiciones menos extremas producirán también un cierto grado de deshidratación cadavérica.
La deshidratación cadavérica se divide en: fenómenos generales y en fenómenos locales.
Septiembre 23, 2008
Enfriamiento cadavérico (algor motis)
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La temperatura normal del cuerpo de una persona varia dependiendo de su sexo, su actividad reciente, el consumo de alimentos y líquidos, la hora del día y, en las mujeres, de la fase del ciclo menstrual en la que se encuentren.
La temperatura corporal normal, de acuerdo con la Asociación Médica Americana, puede oscilar entre 36,5 y 37,2 °C.
El hombre es un animal homeotermo cuya temperatura corporal se mantiene constante gracias a un conjunto de procesos exotérmicos. El cese de estos fenómenos dará lugar al enfriamiento progresivo del cadáver.
El enfriamiento cadavérico transcurre de forma gradual, disminuyendo la temperatura de modo progresivo hasta igualarse con la del medio ambiente.
El calor corporal del cadáver suele conservarse durante un cierto tiempo después de la muerte y aun aumentar en ciertas circunstancias.
Septiembre 19, 2008
Nota: El autor de este trabajo bibliográfico me ha hecho el favor de mandármelo para colaborar con la página y yo no he modificado nada en el mismo. Cabe mencionar que parte del trabajo fue copiado de Francisco Pérez Fernández y que pueden visitar el original haciendo click aquí.
Autor: José Eduardo Aguirre Castellanos
El culto narcosatánico de Matamoros
Constanzo, Adolfo de Jesús.
Padrino de Matamoros / Padrino Cult.
1 de noviembre de 1962.
Miami [Florida / EE. UU.].
Hijo de inmigrantes cubanos.
Elementales.
Ninguno.
Gurú / Brujo / Adivinador.
Tráfico de drogas / Asesinato en masa.
Vendía sus servicios espirituales a los cárteles de la droga mejicanos.
No se le capturó con vida. Murió a manos de uno de sus secuaces.
Consideraba que los rituales eran inútiles si las víctimas no morían gritando
Constanzo nació en Miami, Florida, Estados Unidos. Su madre, Delia Aurora Gonzales del Valle fue una inmigrante cubana viuda. Tuvo a Adolfo a la edad de 15 años, y tendría eventualmente tres hijos de diferentes padres. Ella emigró a San Juan, Puerto Rico, después de que su primer esposo muriera, y volvió a casarse allí.
Constanzo fue bautizado como católico y sirvió como monaguillo, pero también fue influenciado por su madre en el culto denominado Palo Mayombe. La familia regresó a Miami en 1972, y su padrastro murió al poco tiempo dejando a la familia con algo de dinero. Su madre pronto volvió a casarse, y su nuevo padrastro se vio involucrado en el ocultismo y el tráfico de drogas.
Septiembre 19, 2008
Nota: El autor de este trabajo bibliográfico me hizo el favor de mandármelo para colaborar con la página y yo no he hecho ninguna modificación al mismo.
El autor: Jaime Berzaín Aguirre Bernal.
INTRODUCCIÓN
“Optimistas, desesperanzados, hostiles, amorosos, pacifistas, belicosos, cuerdos, locos, idiotas, inteligentes, hombres, mujeres, adultos, niños… cualquiera puede despertar un día con el impulso de matar”.
Norma Lazo
México ha sido un país inseguro a lo largo de la historia, pero hemos constatado que con el paso del tiempo ha evolucionado mucho tanto en su sistema legal como en el de prevención social. Pero a pesar de estos notorios, aunque pequeños avances se ha generado un aumento y una evolución, si no es proporcional, es hasta mayor en sus problemas de criminalidad, ya que ha sido testigo de hechos que van más allá del control público. Es decir, un claro ejemplo es que se pueden hacer reformas en cuanto aquel sujeto que agrede física o mentalmente a alguien de su familia, se pueden realizar operativos contra el narcotráfico, pero ¿cómo combatir los problemas mentales involucrados en un hecho delictuoso? Las enfermedades o trastornos mentales han sido un gran motivante para el incremento de las tasas en la criminalidad en México; ha sido imposible elaborar algún plan preventivo en cuanto a este tipo de hechos, puesto que son considerados como sujetos inimputables aquellos que contengan alguna limitación mental o alguna clase de desviación. ¿Qué acaso la única solución es dejar que el hecho se suscite y poder así hacer una evaluación del sujeto para poder diagnosticar el tratamiento adecuado para éste? Pero esto vendría a desencadenar, como se ha hecho en los últimos años, una serie de hechos delictivos vinculados a fenómenos psicológicos por los cuales se encuentra un sujeto pasivo del delito como lo es la víctima que sufre todo tipo de acciones realizadas por estas conductas causadas por las psicopatologías.
Es así como llegamos al año 1952, específicamente el 11 de marzo, en el cual se suscitó un hecho extremadamente anormal en la historia mexicana. Higinio Sobera del Flor, mejor conocido como El Pelón Sobera, es responsable de cometer el ilícito de homicidio por el simple motivo de tener un incidente de tránsito vehicular. Sin tapujos, fue capaz de asesinar a sangre fría por un altercado, qué tanto pudo haber influido una causa de estrés, presión, él sujeto provenía de una familia con alto nivel económico, no tenía necesidad de nada, todo lo que quiso lo tuvo. Dadas las circunstancias, es increíble cómo pudo haberse causado tal evento. Pues sí, efectivamente Sobera, contenía trastornos mentales, había formado parte de los internos de un hospital psiquiátrico por habérsele diagnosticado esquizofrenia, además de ya haber tenido varios altercados penales, así como ser hermano de un enfermo mental internado en hospital psiquiátrico en Barcelona.
El violento hecho fue motivo de varias obras literarias, artículos y notas periodísticas, así como formar parte de los casos estudiados por el honorable perito criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón, el cual analizó las circunstancias del hecho para poder dictaminar las posibles causas. Así en conjunto con algunos periodistas como la reconocida Norma Lazo, tuvieron como objetivo establecer los lineamientos y parámetro sobre el caso de Higinio Sobera de la Flor que se analizarán en seguida.
Higinio Sobera de la Flor, más conocido como “El Pelón” Sobera, nació en la Ciudad de México. Saltó a la fama de los anales criminales en la década de los cincuenta. Su padre era un comerciante español que poseía una finca en Villahermosa, Tabasco. Desde pequeño mostró trastornos de la personalidad muy marcados: sin motivo aparente, hacía extraños ademanes con las manos y ruidos anormales con la garganta. A veces empleaba un lenguaje incomprensible y creía que todo aquel que se le acercaba, lo hacía con la finalidad de insultarlo. Pese a todo ello, su madre siempre afirmaba que “El Pelón” Sobera era “un pobre enfermo, tranquilo e incapaz de maltratar a nadie, además de ser muy cariñoso con los animales, principalmente con los gatos”.
Septiembre 17, 2008
Enrico Ferri (1856 – 1929)
- Nace en San Benedetto Po, Mantúa, el 25 de febrero de 1856.
- Siendo hijo de un tendero, no tuvo abundancia de bienes en su niñez.
- A los 16 años tomó clases con Roberto Ardigó, célebre flósofo positivista que dio al joven Ferri una orientación definida.
Septiembre 11, 2008
El suicidio es la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años y la sexta causa en niños de 10 a 14 años.
El concepto de depresión infantil se forma como tal en 1987 como un conjunto de síntomas que forma un síndrome. Se establece que puede existir en todas las edades y como mínimo para poder hablar de ella la sintomatología debe durar alrededor de un mes.
